Cueva del Viento

Biología

La Cueva del Viento presenta una importante riqueza biológica en su interior y es un lugar privilegiado para estudiar animales que ya se extinguieron en la isla de Tenerife.

Oscuridad total, una humedad muy alta y temperatura constante, junto a una quietud casi absoluta, son las características del medio subterráneo. Sin luz, no hay plantas verdes ni producción de materia orgánica, por lo que el escaso alimento tiene que llegar del exterior. Son raíces que penetran por el techo a través de las grietas, animales que entran accidentalmente a la cavidad o arrastres del agua que se filtra por el terreno.

Sobrevivir en estas condiciones ha obligado a las especies cavernícolas a evolucionar y producir adaptaciones que las diferencian de sus parientes del exterior. Estas modificaciones obedecen al correspondiente ahorro, prescindiendo de órganos innecesarios y gasto superfluo de energía en este mundo oscuro. Un ejemplo es la reproducción de las especies cavernícolas que economizan con menor cantidad de huevos pero con mayores reservas para asegurar el éxito de las crías en un medio sin apenas alimento.

El estudio de estas adaptaciones también ha sido muy particular en la Cueva del Viento. A pesar de que no fue visitada por zoólogos hasta después de los años setenta del pasado siglo, algunos expertos comentaban, ya en 1970, la posibilidad de que existieran en el interior de la cueva insectos troglobios, que es como se denomina a los que habitan exclusivamente en las cuevas. El inicio de los estudios biológicos fue gracias al hallazgo de huesos subfósiles de Gallotia goliath y Canariomys bravoi, un lagarto y una rata gigantes ya extinguidos.

A raíz de este hallazgo, aparecieron diversas especies troglobias desconocidas en Canarias, entre las que destacan la cucaracha sin ojos Loboptera subterranea o los escarabajos Wolltinerfia martini y Wolltinerfia tenerifae, que resultaron nuevas para la ciencia. Este fenómeno es común en cuevas de este tipo, pues los animales adaptados que viven en ellas son incapaces de sobrevivir fuera de ese ambiente.

En 1982, la cueva del Viento fue minuciosamente estudiada por un grupo de biólogos de la Universidad de la Laguna. Se comprobó entonces la importancia de los saprófagos (animales que se alimentan de detritus) como seres más abundantes. Este estudio sólo se realizó en la parte superior, concretamente en la galería de Belén, Breveritas Superior, Breveritas Inferior y Breveritas Profunda. Se descubrieron 37 especies animales, entre ellas 9 eran troglobias. En 1987 se hizo un nuevo estudio de la cueva, llevándose a cabo un trabajo muy exhaustivo, pormenorizado y bien contrastado. Como consecuencia, se descubren algunas especies más, alcanzándose un total de 43.

En este tipo de cuevas los animales siguen la máxima “adaptarse o morir” y se producen cambios realmente increíbles, como decoloraciones corpóreas o la pérdida de la visión. En algunos casos, como el de la cochinilla de la humedad (Venezillo tenerifensis), desaparece la pigmentación, que no es necesaria si no hay luz solar.

Como en la oscuridad no es posible la visión, a veces los ojos se atrofian hasta desaparecer. Es el caso de un tipo de cucaracha cavernícola (Loboptera troglobia) que ha perdido la vista y que, además, tiene la piel sensible a la luz, con lo que evita las zonas iluminadas.

A otros, para suplir la ceguera, se les desarrollan otros sentidos. Es el caso del escarabajo Domene vulcanica cuyas largas antenas le proporcionan un fino olfato y un delicado tacto, que suplen la ceguera, y las patas y el cuerpo estilizados le facilitan la incansable marcha en busca del escaso alimento. Además, como el alimento es escaso en un ambiente cavernícola, estos animales pueden ayunar durante meses gracias a un metabolismo muy ralentizado como el caso de la araña cavernícola (Canarionesticus quadridentatus).

Entre los subfósiles de especies que se han encontrado en la Cueva del Viento destacan el lagarto gigante Gallotia goliath, la rata gigante Canariomys bravoi, exclusivas de Tenerife; el escribano patilargo (Emberiza alcoveri), conocido sólo de la Cueva del Viento; la codorniz canaria extinta (Coturnix gomerae), que se ha encontrado también en La Gomera; y la graja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que actualmente sólo vive en La Palma.

La vegetación se presenta en tres sectores: zona externa, con plantas vasculares y algunos helechos y líquenes; zona de entrada, que comienza justo donde la lluvia no llega directamente, pero sí recibe la luz y contiene fundamentalmente musgos y líquenes; y zona de transición, sometida a la luz indirecta, donde se han encontrado algas cianofitas y líquenes.